miércoles, 29 de diciembre de 2010

Reflexión de Navidad desde la cárcel...

"Yo les quiero hacer llegar esta sencilla reflexión: hace un tiempo, una señora me contaba que todos los años, el día de Navidad ponía a la mesa una silla más. Para Jesús! Y que siempre caía de improviso alguien que no tenía con quién compartir la fiesta. Nunca le faltó Jesús a comer con su familia.


Navidad no es un feriado, ni un día especial. Como dice la canción, cada día está en nuestras manos hacer, o no hacer, una Navidad.


Miro al rededor desde mi cucheta; aquel no estará con sus seis hijos. Aquel otro no tiene hogar; él y su compañera están detenidos. Igual aquel otro, y su hijita de 20 meses estará con sus abuelos. Y este tiene dos hijas; aquel, otra. Al lado mío: éste no estará con su esposa que espera en el quinto mes. Estos otros no estarán con sus padres y hermanos...Y pienso en los compañeros de las otras barracas y en los de las otras cárceles: cada uno un mundo con su historia!... Y más triste aún, hay sillas que nunca volverán a ser ocupadas...Otra guerra más y van...; es un nunca acabar de aprender.


Si por lo menos pudiéramos decir que esta Navidad abre más esperanzas a los eternos postergados: a los ancianos de los asilos, a los niños que morirán desnutridos, a los enfermos de nuestros hospitales y manicomios; a los sin techo, a los desamparados; a los que trabajan para apenas subsistir con sus familias, de sol a sol; si somos menos dependientes, si nuestro corazón se hubiera ablandado y nuestro verano no fuera con balnearios de espaldas al dolor del país; derrochando algo menos en casinos, fiestas, farras, modas, ostentaciones, para compartir lo que Dios hizo para todos sus hijos. Si nuestros ojos fueran más limpios para ver al hermano en la reina de concursos de belleza, personal de servicio y esa multitud que no tiene rostro porque no se la conoce, ni se la tiene en cuenta.


A lo mejor hoy abría Navidad, pero...


¿Hay alguien a quien no admitiríamos en nuestra mesa? en ese mismo pide ser invitado Jesús. Que no se repita lo de la primera Navidad: que Jesús tenga que ir a otro lado "porque no había lugar para ellos" (Lc 2, 7). No nos engañemos, ni intentemos engañar a Dios: o lo admitimos, justamente en ese hermano, o no lo recibimos en ninguno. "Paz a los hombres que ama el Señor". Es el mensaje de Dios y su noticia de que Cristo nos hace sus hijos y todos hermanos. "Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios" (Mt 5,9). La paz no consiste en que ese día no suenen tiros (es tradicional en todas las guerras, de creyentes o no, una tregua de Navidad), sino en que desde ese día cada uno pueda decirle "hermano" a su enemigo y lo reciba en su corazón; y no de palabra, sino trabajando por la justicia y destruyendo todo yugo opresor. Este año habrá muchas sillas vacías que no las podremos reemplazar ni con arbolitos, ni con pesebres, ni comida, ni villancicos, ni misa del gallo. O las ocupamos con ese hermano para el que no hay lugar, o no habrá Navidad. Decía un compañero: Parece que este año estamos más presentes que nunca, porque esta vez faltaremos por los que el año pasado nunca cupieron en nuestras mesas"


Romi Lezama s.j. desde la cárcel

11 de diciembre de 1972 - Montevideo, Uruguay

martes, 25 de mayo de 2010

Pentecostés 2010





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martes, 2 de febrero de 2010

Profetas de un futuro que no es nuestro

De vez en cuando, dar un paso atrás nos ayuda
a tomar una perspectiva mejor.
El Reino no sólo esta más allá de nuestros esfuerzos,
sino incluso más allá de nuestra visión.

Durante nuestra vida, sólo realizamos una minúscula parte
de esa magnífica empresa que es la obra de Dios.
Nada de lo que hacemos está acabado,
lo que significa que el Reino está siempre ante nosotros.
Ninguna declaración dice todo lo que podría decirse.
Ninguna oración puede expresar plenamente nuestra fe.
Ninguna confesión trae la perfección,
ninguna visita pastoral trae la integridad.
Ningún programa realiza la misión de la Iglesia.
En ningún esquema de metas y objetivos se incluye todo.

Esto es lo que intentamos hacer:
plantamos semillas que un día crecerán;
regamos semillas ya plantadas,
sabiendo que son promesa de futuro.

Sentamos bases que necesitarán un mayor desarrollo.
Los efectos de la levadura que proporcionamos
van más allá de nuestras posibilidades.

No podemos hacerlo todo y,
al darnos cuenta de ello, sentimos una cierta liberación.
Ella nos capacita a hacer algo, y a hacerlo muy bien.
Puede que sea incompleto, pero es un principio,
un paso en el camino,
una ocasión para que entre la gracia del Señor
y haga el resto.
Es posible que no veamos nunca los resultados finales,
pero esa es la diferencia entre
el jefe de obras y el albañil.

Somos albañiles, no jefe de obra,
ministros, no el Mesías.
Somos profetas de un futuro que no es nuestro. Amén.

Mons. Óscar Romero