martes, 2 de septiembre de 2008

Sacrificar el Sol

Cuando se está en búsqueda de un nuevo hogar dónde habitar se recomienda ir a visitar el inmueble en un día soleado y en un día nublado. La luminosidad es una cualidad altamente cotizada en el mercado; la orientación de las aberturas puede determinar la compra o el alquiler.


Generalmente las casas de los asentamientos tienen ventanas mínimas, algunos ranchos son solo cubos oscuros de chapa oxidada con una única puerta.


Este fin de semana estuve construyendo una casita del Techo, una “vivienda de emergencia” para Bruno. Bruno tiene 81 años y diabetes. Vive solo desde hace 10 años en los fondos del terreno de otra familia. Margot y su esposo eran los “dueños” originales del terreno. Margot tiene ahora 71 años, camina con bastón con gran dificultad, es dueña de unos grandes ojos, claros como el mar, que se hunden en los huesos y arrugas de su rostro; su esposo anda de mal en peor, se ha caído un par de veces, ha perdido la memoria… Ella cuenta que hace 10 años Bruno vivía bajo un puente con sus escasas pertenencias, una situación para nada humana, y decidieron venderle el fondo de su casa, de 5 x 10 metros aproximadamente, a 200 pesos, para que pudiese vivir ahí. Allí Bruno armó su rancho con chapas, supongo que con la ayuda de los vecinos, ya que lo quieren mucho. También fue armando una pequeña huerta.


Margot no se arrepiente, Bruno es su mejor vecino. Bruno se ha transformado en un abuelo para sus nietos, ya que su abuelo original terminó cumpliendo el rol de padre.

Varios de los hijos de Margot viven en la vuelta. Una de ellos, Rosa, vive con sus 6 hijos en la casa de al lado, por lo que los dos fondos de las casas dan a lo de Bruno.


Entre semana estuvo lloviendo, y a Bruno se le mojó todo, por lo que tuvo que ir a vivir con uno de sus hijos por un par de días.


Llegó el sábado, primer día de la construcción, tocaban los pilotes y el piso. La cuadrilla llegó bien temprano, y al rato llega Nicolás, el hijo de 9 años de Rosa, que como sabía que llegábamos había ido a esperarnos a la parada de ómnibus, aunque nosotros veníamos por otro lado… se lo notaba muy ansioso… “Señora, señora ¿puedo cavar?” y tomaba la pala que pesaba más que él y hacía su más grande esfuerzo para hacer los pozos. Estaba contento y poniendo sus energías “porque quiero que le quede linda la casa a Bruno”. Así como él, muchos vecinos nos ayudaron, había también muchos otros niños en la vuelta. Bruno no entendía mucho el tema de la casa, igual ayudaba corriendo escombros, con su tabaco armado en la boca y repitiendo “estoy en la gloria!”.


El domingo levantamos paredes y en seguida cambió el panorama. Tirantes, vigas y el techo…todos pensaban que iba a llevar más tiempo. La casa tomó altura y la altura tapó el Sol de las ventanas de la casa de Rosa. Pero a Nicolás eso no le importó: “No me importa que ya no le dé el Sol a mi casa, porque ahora Bruno tiene la suya”. Nicolás estaba demasiado contento, tanto como Bruno.


Hay que tener un corazón muy grande para sacrificar el patio de tu casa….para sacrificar el Sol. No se da de lo que sobra, se da de lo poco que se posee…Este fue para mi el evangelio de la viuda pobre vivificado (Mc 12, 38-44).

martes, 29 de julio de 2008

Voluntariado cristiano: ser fieles a la tarea

La medida de nuestro éxito como cristianos es la fidelidad que le tenemos al Padre y a su misión. Y el único que conoce cuan profunda es nuestra fidelidad y amor es Él. Desde afuera es algo que objetivamente no puede medirse, pero si nuestras obras y nuestra manera de proceder hablan del que nos envía, del que nos anima….y lo dan a conocer al resto de los hombres. Como voluntarios debemos tener presente cuál es nuestra misión, qué es lo que estamos transmitiendo y qué es lo que pretendemos transmitir. El anuncio del Reino y dar a conocer a Cristo no deben ser sustituido, por el deseo de transmitirnos a nosotros mismos, por estar en un lugar cómodo y entre “amigos”.


Si Dios nos ha regalado dones, estos son para estar al servicio de los demás y no para conseguir vano honor y autoridad. Por el contrario la humildad con que vivió Jesús, nos invita a hacer de este voluntariado un camino de acompañamiento y descubrimiento de los gurises, un camino que de a ratos puede ser frustrante, por no ver frutos tangibles (pero confiamos en que el Padre más tarde o más temprano los hará fecundos, pues no en vano, somos hombres y mujeres de fe). Un camino en el cual nuestro obrar puede ser incomprendido por el resto de la sociedad que no entienden cuál es el sentido de dedicar tanto tiempo a educar de esta forma, de ayudar a otros, de acercar distintas realidades sociales (pero siempre los seguidores de Dios han sido incomprendidos en su tiempo). No debemos esperar más recompensa que saber que estamos realizando la voluntad del Padre, que estamos construyendo un mundo más humano, y a la vez más divino, y que nos elige como sus hijos, para seguir construyendo, junto con nuestros educandos, su Reino de amor.


Desde los ojos de lo terreno Jesús es la medida del fracaso, para nosotros es la medida del éxito mayor: la esperanza del Reino más de 2000 años después. Ante los ojos del mundo quizás no estemos logrando nada, pero nuestra mirada está puesta en clave de eternidad.


Solo es en el desierto, vacío de otros ídolos, donde el Señor podrá acampar y quedarse entre nosotros, y con nosotros…y hay que estar vigilantes y atentos, porque las tentaciones acechan a cada instante. Hay quienes dicen que el éxito del que tienta es hacer creer que fue libremente escogido ese camino. Cada uno de nosotros debe aprender a conocer sus puntos más débiles, los lugares en que puede ser tentado. Por tanto la tarea es conocerse a uno y conocer a Jesús, quién fue fiel en sus convicciones hasta el último de sus días en la Tierra.


Nuestro voluntariado ha de tener como centro a Cristo, en todo momento: al organizar las actividades, al ir a los lugares de servicio, al tratar con los gurises, al tratar a la gente de los barrios a los cuales asistimos. Juan Pablo II decía que el voluntariado cristiano debía tener una capacidad de entrega y de fidelidad a lo cotidiano. Y que el voluntario encarna en nuestros días la figura del apóstol que uniéndose al corazón de Cristo es capaz de decir muchos SI en lo cotidiano, al igual que María dio su sí.


Lo que nos diferencia de otros tipos de voluntariado, es nuestra inspiración evangélica, nuestra fuente. Nuestra motivación tiene que ser así de transparente. “La pureza de su motivación los hace transparentes, el respiro de su esperanza, constantes, y la humildad de su caridad, creíbles”

Ir más allá de “hacer algo que creo bueno” para descubrir en los otros a quienes sirvo a Cristo haciéndose novedad para mi, y a la vez demandando que yo le acerque a los otros la Buena Nueva.


Buscar al Señor, ser perseverante en esa búsqueda, para así conocerlo más y amarlo más, y poder poco a poco configurarnos con él, irnos haciendo su imagen, ir contagiando a otros de lo que arde en nuestro corazón, lo que nos hace libres, lo que nos impulsa a salir de nosotros mismos para servir. El fruto de la búsqueda es más de lo que nos podemos imaginar. Seguir a Cristo es darse por entero a la misión, al llamado que vamos sintiendo en lo más hondo de nuestro ser. Pero para sentir, para escuchar, hay que hacerse tiempo, de nuestra parte debemos ir poniendo los medios, porque todo el resto es gracia. Medios que nos permitan conocer al Jesús histórico, medios que nos hagan viva la Palabra, medios que nos hagan Iglesia-comunidad, medios que hagan de la oración nuestra fuente diaria.


La invitación es a vivir un voluntariado comprometido, formado, responsable por la misión que el Señor ha puesto en nuestras manos. No ha de ser un simple activismo, sino un estilo de ser cristiano, partiendo de un Dios que ama y conoce las debilidades humanas y frente a esas debilidades el voluntario busca dar una respuesta a través de un compromiso concreto. Es en esas debilidades que también busca el rostro de Jesucristo.

Por tanto hemos de buscar a Cristo en todo, e ir abriendo a los chicos con los que trabajamos a también poder ellos descubrirlos en los márgenes de la sociedad.

lunes, 12 de mayo de 2008

¿Católicos que no quieren cambiar el mundo?

Hay algo que no funciona bien si como católicos somos incapaces de ver que mi estilo de vida sí tiene que ver con las condiciones de vida en que transcurren los días de millones de personas que solo se han ganado el derecho de contemplar como “funciona” la economía desde la vereda de enfrente.


Hay algo mal aquí si considero que conocí a Cristo y este no me sacudió el piso, me dejó desnudo de seguridades y me movió a ser diferente. ¿Realmente he contemplado su rostro? ¿No me ha conmovido?


Hay algo que no alcanzo a comprender si mi vida me deja conforme, y me consuelo con ser uno más que nada puede hacer por la humanidad sufriente. Si no podemos dar la lucha al pecado social y a las estructuras que aplastan, ¿qué sínica esperanza guardamos en nuestros corazones?, ¿qué esperanza transmitiremos a quienes ya nada esperan?


Creo en la esperanza de que hay otro camino posible, el que el Señor me alienta a seguir, el que me aleja de las comodidades, y me invita a arriesgarlo todo, a dar la vida, porque Él ya lo dio todo. Y no hablo de un estado de vida particular, sino de nuestra vocación de hijos y hermanos. Porque el llamado a gastar la vida, Dios lo hace desde la vida misma, y con especial urgencia hoy como hace 2000 años, desde los márgenes de la sociedad.

jueves, 28 de febrero de 2008

Llueve Señor

Llueve Señor, siempre en mi vida

llueve sobre la tierra y los plantíos,

llena mis acequias,

renuévame con tu Espíritu,

lávame el rostro con agua nueva.


Llueve, y no pares nunca en mi vida,

pa´ calmar la sequía de otros corazones.

Llueve y convierte en barro mis miedos,

llueve y diluye mis temores.


Llueve y calma la sed de justicia

que tiene esta tierra,

derrama tu bendición sobre tu pueblo,

que se convierta en adobe

pa´ construir el Reino.



((Llueve en Paso Bonilla, 28 de febrero de 2008...en misión))