lunes, 12 de mayo de 2008

¿Católicos que no quieren cambiar el mundo?

Hay algo que no funciona bien si como católicos somos incapaces de ver que mi estilo de vida sí tiene que ver con las condiciones de vida en que transcurren los días de millones de personas que solo se han ganado el derecho de contemplar como “funciona” la economía desde la vereda de enfrente.


Hay algo mal aquí si considero que conocí a Cristo y este no me sacudió el piso, me dejó desnudo de seguridades y me movió a ser diferente. ¿Realmente he contemplado su rostro? ¿No me ha conmovido?


Hay algo que no alcanzo a comprender si mi vida me deja conforme, y me consuelo con ser uno más que nada puede hacer por la humanidad sufriente. Si no podemos dar la lucha al pecado social y a las estructuras que aplastan, ¿qué sínica esperanza guardamos en nuestros corazones?, ¿qué esperanza transmitiremos a quienes ya nada esperan?


Creo en la esperanza de que hay otro camino posible, el que el Señor me alienta a seguir, el que me aleja de las comodidades, y me invita a arriesgarlo todo, a dar la vida, porque Él ya lo dio todo. Y no hablo de un estado de vida particular, sino de nuestra vocación de hijos y hermanos. Porque el llamado a gastar la vida, Dios lo hace desde la vida misma, y con especial urgencia hoy como hace 2000 años, desde los márgenes de la sociedad.